viernes, 16 de diciembre de 2011

El lugar donde nací

Cuando la vida se transforma en la memoria,
y nos recuerda todo el tiempo que pasó,
viene a la mente el perfume del pasado,
que nos lleva de vuelta a algún viejo rincón.

Pasan los años y el amor siempre es eterno,
siempre la lucha es la que nos da envión,
todos los días hay que pelearla de nuevo,
hay que ponerle garra, hay que ponerle valor.

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan felíz,
ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

Las palabras de mi vieja fueron cuna,
mis abuelos el apoyo a mi pasión,
a mi Papá lo extraño todos los días,
sueño verlo en la cancha y regalarle un gol.

De madrugada con mi viejo en la parada,
entre los diarios Don Enrique era el Campeón,
el sacrificio yo se lo enseño a Ignacio,
que sea como el abuelo aunque no lo conoció.

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan felíz,
Ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

Si Cafferata es la luz de mi pasado,
esos recuerdos que me llenan de emoción,
veo a mi Vieja ordenándome la ropa,
cuando me venía a vivir a la pensión.

Siempre orgulloso de lo que me dio mi viejo,
un ferroviario que me enseñó a luchar,
tardes de lluvia ,y luna llena en Villa Diego,
con Lourdes y Martina siempre es lindo recordar.

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan felíz,
ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

La Escuela 5, las calles llenas de tierra,
el pan es rico si lo amasa mi mamá,
lloré abrazado con Bautista en una cancha,
dando otra vuelta olímpica quiero verlo soñar.

Llevo la 11 casi tatuada en el alma,
las enseñanzas de mi viejo Juan Ramón,
los abrazos de mi vieja, su alegría,
la sonrisa de mis hijos cada vez que fui Campeón.

En Estudiantes el ejemplo es día a día,
la voluntad que nos dio esta educación,
Cuando los padres le transmiten a sus hijos,
“Esto te marca el alma, esto es ser del León”

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan felíz,
ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

Yo te llevo en la sangre,
esta es mi casa, y aquí me voy a morir,
La cancha de Estudiantes
57 y 1, el lugar donde nací.

martes, 4 de octubre de 2011

Yo te vi llorar en cada vuelta

Pensé que jamás iba a sentarme a escribir esto.

En mi ilusión de hincha tuve la fantasía de la eternidad, de la magia inacabable. Soñé con la posibilidad de no despertar jamás del sueño de verte dentro de una cancha.
Sin embargo y mal que me pese, quizás haya llegado el momento de comenzar a despertarme.
Me vienen a la mente mil cosas al mismo tiempo. Todas juntas.

Cuando me dijiste, la primera vez que hablamos:

- Tus canciones son la banda de sonido de Estudiantes.

Y yo no pude responderte, no supe que decirte ni cómo hacerlo.

- En serio me lo decís? Me salió del alma acotar.
- Muy en serio te lo digo. Me respondiste mirándome a los ojos.

Cuando escribí “El Cielo nos queda muy chico” ni siquiera soñaba con la posibilidad de conocerte. No se me pasaba por la cabeza. Mi máxima aspiración era que alguna vez la escuches, que te guste, poder contarte y agradecerte todas las alegrías que me diste viéndote jugar.

La vida me regaló muchas más posibilidades que esa, seguramente muchas más de las que merezco, y no puedo dejar de sorprenderme por tanto.

Me cumpliste tantos sueños e hiciste tanto por mí que no se si podría enumerarlo todo.
Trajiste de vuelta la Copa Libertadores después de 40 años y diste la vuelta olímpica con esa canción ( que yo soñaba que escuches ) sonando de fondo. Dos sueños en uno.

Me ayudaste a despedir a Luis, el papá de Diego, mi amigo del alma, participando en mi último disco, poniéndote la 11 y el brazalete de Capitán de Estudiantes del Parque Saavedra para ser parte de “Camisetas de piqué”, ni más ni menos que mi infancia hecha canción, diciéndome:

- Para mí es un orgullo jugar en Estudiantes del Parque Saavedra porque hay amores tan fuertes que no se explican con palabras, como el que sentimos por Estudiantes.

Me regalaste la indescriptible posibilidad de hacer “Cuando sea grande”, de soñarlo juntos, de llevarlo adelante y ver como una canción puede llenar de vida todo lo que toca.

- No me preguntes tanto, yo confío en vos. Todos confiamos en vos.

Me dijiste aquel viernes a la noche en que nos sentamos a soñar “Cuando sea grande” y aunque te parezca raro, fuiste una de las primeras personas en decirme algo así. En darme una confianza ilimitada con respecto a mis canciones. Y por si esa confianza fuera poco, agregaste:

- Viste que Oasis quiere grabar con Carlitos Tevez? Nosotros queremos grabar con vos.

Y lograste dejarme una semana sin dormir con ese comentario.

Me invitaste a compartir con Uds. la noche de festejos por la Estrella 11, la tuya, la que tanto soñaste, esa que terminé tatuándome como un homenaje hacia vos, aclarándome que llevara una guitarra.
Tuve la posibilidad durante esos festejos, de cantarte tu canción mirándote a los ojos, de poder decirte: “mil gracias Bruja por tantas alegrías” y verte sonreír mientras me escuchabas.

Subiste esa misma noche, junto con Gastón, el Chavo, el Chapu y el Chino al escenario a cantar conmigo esa misma canción que solo tres años atrás soñaba hacerte escuchar y, para mi sorpresa, cuando te pregunté si sabías le letra me respondiste:

- Obviamente!

Tus enseñanzas, tus consejos, tu forma de enseñarme a hacer valer y respetar mi música, las charlas sentados en la ventana de la Concentración en el Country, los mates, las bromas, el recuerdo de nuestras infancias, el afecto permanente, todo.

Hay cosas que no se pueden expresar con palabras, que son muy difíciles de transmitir.

Haberte contado mi sueño de cuando era un nene, de tener un par de botines para jugar en el Parque, esos que mi Mamá no podía comprarme y verte demostrar con un solo gesto que siempre te importó y te importa que la gente pueda soñar.

Me enseñaste que a los sueños no los compra el dinero.

Con un simple gesto me mostraste cuánto vale la pena soñar en la vida que todo, si uno se lo propone, puede ser posible.
Me regalaste tus propios botines, los de tu último Mundial como jugador y me dijiste:

- Estos son mis botines, ahora son tuyos para que puedas jugar en el Parque Saavedra.

Todo lo que hiciste por mí es indescriptible y no me va a alcanzar la vida para agradecértelo. Te lo dije alguna vez y me respondiste:

- Vos estás loco, como me vas a decir eso, dejate de joder que para mí es un orgullo.

Sencillamente todo.

Y yo que hace tres años, simplemente soñaba con que alguna vez escuches “El cielo nos queda muy chico”.

Soñar que se puede.

Decirte gracias sería muy poco.

Prefiero contarte que yo te vi llorar en cada vuelta.
Hoy vos me vas a ver llorar a mí.

martes, 16 de agosto de 2011

El lugar donde nací

Cuando la vida se transforma en la memoria,
y nos recuerda todo el tiempo que pasó,
viene a la mente el perfume del pasado,
que nos lleva de vuelta a algún viejo rincón.

Pasan los años y el amor siempre es eterno,
siempre la lucha es la que nos da envión,
todos los días hay que pelearla de nuevo,
hay que ponerle garra, hay que ponerle valor.

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan feliz,
ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

Las palabras de tu vieja fueron cuna,
tus abuelos diciendo: “Dale Gastón”,
Papá Raúl que te alienta desde arriba,
soñás verlo en la cancha y regalarle un gol.

De madrugada con tu viejo en la parada,
entre los diarios Don Enrique era el Campeón,
Chapu la lucha hoy se la enseñas a Ignacio,
que sea como el abuelo aunque no lo conoció.

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan feliz,
Ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

Si Cafferata es la luz de tu pasado,
esos recuerdos que te llenan de emoción,
la ves a Lucy ordenándote la ropa,
diciendo: “Dale Chavo, que te espera la pensión”.

Siempre orgulloso que Daniel fuera tu viejo,
un ferroviario que te enseñó a luchar,
tardes de lluvia , Colorado en Villa Diego,
con Lourdes y Martina siempre es lindo recordar.

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan feliz,
ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

La Escuela 5, las calles llenas de tierra,
el pan es rico si lo amasa tu mamá,
Chino lloraste abrazado con Bautista
dando otra vuelta olímpica lo ayudas a soñar.

Bruja y la 11 casi tatuada en el alma,
las enseñanzas de tu viejo Juan Ramón,
a tus nenes les decís cada mañana:
“Hay que esforzarse mucho si queres ser mejor.”

En Estudiantes el ejemplo es día a día,
la voluntad que nos dio esta educación,
Cuando los padres le transmiten a sus hijos:
“Esto te marca el alma, esto es ser del León”

Yo te llevo en la sangre,
desde esa infancia que me hizo tan felíz,
ser hincha de Estudiantes,
es volver a ser niño, al lugar donde nací.

Yo te llevo en la sangre,
esta es mi casa, y aquí me voy a morir,
La cancha de Estudiantes
57 y 1, el lugar donde nací.

jueves, 11 de agosto de 2011

La historia de “El lugar donde nací”

(Dos veces en la vida es demasiado)

- A ver cuando te sentás a escribir otra canción… La primera fue un éxito así que tenés que hacer la segunda. Me dicen casi a coro: Juan Sebastián Verón, Rodrigo Braña y Leandro Benítez mientras me arrinconan contra una de las paredes exteriores de la Concentración fingiendo un “apriete” entre risas compartidas y cómplices.
- Mirá que yo ya estoy para ser solista, eh?! Acota bromeando el Chapu, mientras me agarra del brazo.
- Ah no! A este lo limpiamos del grupo! Dictamina por lo bajo la Bruja, mientras el Chino y yo reímos con la ocurrencia.
- Esto no puede estar pasándome nuevamente. Dos veces en la vida es demasiado. Recuerdo que pensé al instante y mi respuesta fue automática:
- Vamos por la segunda. (Que ya era como la tercera o la cuarta en realidad)

Así comenzó esta nueva historia y así escribí “El lugar donde nací”.

Mientras ese día volvía del Country y, deteniéndome en el mismo semáforo de Av. 13 esquina 40 en el cual me había detenido pensando en “Cuando sea grande” (las cábalas fueron hechas para ser respetadas), comencé a pensar en esta nueva canción.
Para no faltar a la verdad no sería exacto decir que me senté a escribirla, dado que durante el viaje de vuelta ya tenía en mi cabeza la mayor parte de la historia.
Solo fue necesario recordar nuestras charlas, llegar a mi casa y agarrar una de mis guitarras.

La propuesta esta vez fue distinta. Imaginé a los chicos del plantel sin la necesidad de presentarse en la canción, como sí había sucedido en el disco anterior.
Por otro lado creo que en un punto, la estrofa de cada uno, en mayor o menor medida, la vivimos todos con lo cual no era tan necesario aclarar a quien pertenecía cada estrofa.

Pensé que quizás, sería interesante que ellos pudiesen a través de esta letra, rendir un homenaje a la relación que tuvieron con sus padres siendo niños y que tienen hoy, de adultos, con sus hijos. Contarlas directamente, sin intermediarios, y que al mismo tiempo cada uno pudiese recordar algo determinante de su infancia pero en relación a su familia, más allá de su presente exitoso como futbolistas consagrados.
Insisto: no importaba si lo cantaba yo, el recuerdo era compartido por todos, como en todo grupo que se precie de tal. Esa fue una de las premisas.

“El lugar donde nací” nos es más que la imagen de nuestros padres tomándonos de la mano, guiándonos en la vida, pero también es un apoyo irrestricto a una infancia más contenida y sostenida desde el Estado pero comenzando en cada hogar.

Mi título original de la canción hubiese sido “El pan es rico si lo amasa mi Mamá” una frase que en boca de un Chino Benítez absolutamente invadido por la emoción logró hacerme llorar al instante de escucharla pero, en un punto, me pareció más simbólico “El lugar donde nací” porque es algo que nos abarca a todos. No importa la edad ni el recorrido que hayamos hecho en nuestras vidas. Todos “nacimos” en algún lado en particular.

Esta vez todo fue distinto. No solo iba a compartir mis horas nuevamente con esos jugadores que llenan de emoción mi vida en cada partido sino que ahora, iba a compartirlo con las personas con las cuales pasé los últimos 10 meses de mi vida, ya que el disco anterior fue el disparador de una intensa amistad que hoy me une con muchos de ellos, incluso con aquellos que no participaron en “Cuando sea grande”.
Esta vez todo fue distinto.

No tuve necesidad de preguntarle casi nada a los chicos dado que (lo noté al escribir esta canción) todos estos meses de charlas y encuentros nos habían permitido conocernos y vernos mutuamente de otro modo. Del modo en el que se ve a un amigo cuando, mates de por medio, comparte con vos esos recuerdos íntimos que marcaron su vida.

- No voy a poder escuchar esto sin llorar, creo que nadie va a poder. Me dijo Gastón Fernández luego de leer la letra de la canción, mientras se secaba las lágrimas y abrazaba a Pili, su más ferviente fan de 14 años, que compartió la charla con nosotros mientras nos refugiábamos de la lluvia bajo el alero de la Concentración.
No fue una mera casualidad que Pili estuviese allí en ese momento. Ella fue la primera persona que compró “Cuando sea grande” yendo al Pincha Store a las 7 de la mañana de aquel 13 de diciembre, día en que el disco salió a la venta, para no quedarse sin “la canción en donde canta Gastón”, y por las dudas compró dos por si se le rayaba el cd. Por ese motivo, tanto la Gata como yo fuimos cómplices felices al hacerla testigo de esta nueva canción ya que, si había sido la primera persona en comprar el disco, se había ganado por derecho propio y por ese amor interminable hacia su ídolo, ser la primera en saber de la existencia de esta canción y en leer su letra.

Esa fue la idea original: que todos los que aportamos nuestras vivencias para esta canción pudiésemos emocionarnos (y emocionar) recordando ese momento único de la infancia que a todos nos marcó a fuego.

En mi caso: la primera vez que pisé mi propio 57 y 1: El Parque Saavedra.

Podría enumerar cientos de anécdotas sobre esta canción y estos últimos tiempos:

Los botines de Sebas que hoy me acompañan en todos mis shows y que me hacen sentir que todo agradecimiento hacia él siempre sonará a poco; Los salamines caseros de Cafferata aportados por el Gran Leandro Desábato para inspirar mi escritura y su sueño (compartido por mí) por esa demorada vuelta olímpica de su Cafferatense; el disco solista que el Chapu aún hoy me reclama porque: “Si está el Chapu, los discos siempre son un éxito”; las bromas mutuas con Fede Fernández, el Rana Iberbia, Maxi Nuñez, Carlitos Auzqui, Gero Rulli, Mati Sarulyte y el Negrito Mercado (Con quien me une un afecto especial por las similitudes de nuestras infancias); los chicos viniendo a mis shows para compartir un momento entre amigos; la emoción de Hernán Rodrigo López la noche en que, durante los festejos de la Estrella N°11, la Gata desde el escenario cambió la letra de “El cielo nos queda muy chico” y le cantó “Otra vez somos Campeones, el Roro hizo un golazo”; las charlas sobre la buena música con Lea González y Juan Pablo Pereyra; el viaje con el Colo para ver a su Newell’s y las tardes en la plaza de 25 y 38 mirando como Lourdes y Martina, sus solcitos, daban felices la vuelta al mundo en una calesita; el llamado al Chino en el día de su cumple y verlo emocionarse hasta las lágrimas con el “Te amo Papá” de Bauti, su hijo; La alucinante charla con Agustín Orión (un rocker de pura cepa y en todo sentido) una noche en el Country sobre el valor de la solidaridad en la vida de las personas y su “Contá conmigo siempre que haya que darle una mano a alguien” y como si esa frase fuera poco, llamarme para despedirse cuando se fue a Boca y decirme: “Decile a Pili que le dejo mi corazón” y el enorme e increíble corazón de Gastón Fernández quien, haciendo honor a la solidaridad avasallante que lo caracteriza, fue capaz de pedirle permiso al Cuerpo Técnico para salir de la Concentración durante una tarde entera para ir hasta la casa de una chiquita que no la estaba pasando nada bien y con ese gesto único lograr el hermoso milagro de verla sonreír.

Haber sido testigo de la sonrisa de esa hermosa niña fue la mejor inspiración que podría haber tenido para escribir esta canción y a ella está dedicada, como así también a Julieta y a su Mamá, por enseñarme que, en algunas ocasiones, las canciones no logran curar pero si, logran alivianar una carga pesada.

- Por los amigos, la vida. Sentencia el Colo Re (con la misma seguridad con la que despeja un centro) una tarde en el living de mi casa mientras sus hermosas nenas juegan con mis instrumentos y nosotros charlamos sobre el valor de la amistad y de la solidaridad.

Cuando el año pasado hicimos “Cuando sea grande” sentí que había grabado con los Rolling Stones y que nada iba a poder superar ese momento.

Me equivoqué. Hubo algo que superó al hecho de haber grabado un disco con los Stones de Estudiantes de La Plata.

Haber escrito una canción para mis amigos.


miércoles, 20 de octubre de 2010

El día que cumplí 40 años mataron a un pibe....

El día que cumplí 40 mataron a un pibe.
Eso es lo que voy a terminar recordando dentro de un tiempo.
Le agradeceré de todo corazón a todos los que se tomaron la molestia y el trabajo de escribirme y lo haré de corazón, eso sin lugar a dudas.
Pero el día que cumplí 40 mataron a un pibe.
Mariano Ferreyra, un militante del PO terminó muerto luego de un “enfrentamiento” ( según dice el “demócrata” Feinman en C5N ) con la “patota sindical”.
Ese mismo Feinman que los hinchas de Estudiantes recordamos “tiernamente” por haberle dicho a Verón que se había “vendido” en un Mundial.
Ese mismo cobarde que detrás de una cámara siente y se arroga el derecho a “la impunidad que da una cámara”.
Feinman, si conocieras un 5 % de las acciones de Sebastián para con quienes más lo necesitan, verías que a vos no te alcanzarían ni 10 vidas para llegarle a los talones.
No se como lo llamará el común de la gente, pero yo a Feinman lo llamo “hijo de puta!”.
De chico, cuando aún tenía la posibilidad y el tiempo de soñar, siempre imaginaba un mundo justo, donde no hubiese chicos que se mueran de hambre ni madres que tengan que llorar la muerte de un hijo como sucede hoy.
Eso recuerdo de mis épocas del Centro de Estudiantes del Normal 3.
Hoy cumplo 40 años y hay una madre que ya no tendrá a su hijo para compartir una sonrisa, un abrazo o un “Estoy orgulloso de vos!” como me dijo mi Mamá cuando me saludó por mi cumple.
Y, la verdad, siento que cualquier canción que uno pueda escribir no sirve de nada cuando hay que enterrar a un pibe de 23 años que quizás, lo único malo que hizo en su vida sea haber creído que había cosas que podrían estar mejor.
Yo también soy uno de los que insultan cuando hay una calle cortada. No soy ni un revolucionario ni un “adalid” de nada. Ante todo, y mal que me pese, termino siendo un “argentino”.
Si lo pienso fríamente dos segundos, creo que todo reclamo es justo y válido. Que todas las personas deben tener el mismo derecho.
Pero como buen argentino lo primero que hago es putear y lo segundo, analizar lo que dije o pensé. ( y arrepentirme por lo que pensé 2 segundos antes )
Insisto, ni un adalid ni nada parecido. Un tipo que escribe canciones y suele ser sensible a las necesidades ajenas.
“Si vos tenés y el otro no, compartí así tienen los dos”. Me decía de chiquitito mi Abuela y me quedó grabado.
Yo no me cago de hambre ni paso tantas penurias pero eso no me habilita a que no me importe el hambre ajeno. Al contrario, creo que me habilita ( y obliga ) el doble por el simple hecho de no tener penurias. Solo por eso necesito, y me es imperioso, que me importe más aún quien no tiene el privilegio de comer todos los días.
Comer todos los días se está transformando en un privilegio.
Todo asesinato es repudiable.
Ya sea la Hiena Barrios matando a una chica embarazada y con toda la vida por delante, ó el (no encuentro adjetivos para calificarlo) que disparó contra Carolina Píparo permitiendo y obligándola a pasar sola, sin su pequeña criatura, el primer día de la Madre con el que (seguramente) tanto había soñado.
Todo asesinato es repudiable y, cuando el Estado lo permite, es doblemente repudiable.
Hoy, el día que cumplí 40 años, la mamá de Mariano Ferreyra no podrá decirle “Estoy orgulloso de vos” como me dijo mi Mamá.
O quizás si, pero Mariano ya no va a estar para escucharla y saber/sentir, que no hay nada como la palabra de una madre para saber que uno va transitando por la senda correcta.
Hoy, el día que cumplí 40 años, mataron a un pibe.

Iván, 20 de octubre de 2010.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El día que Paolo debió llamarse Guillermo

Prólogo

- Definímelo a tu viejo - le pido a Bárbara por mail y su respuesta no me sorprende en lo más mínimo.

- Mi Papá es el tipo más bueno del mundo. Tiene un corazón enorme. Cada persona a la que conoce le deja una marca imborrable.
Es un ejemplo en todo, no solo como jugador, sino como persona.
Siempre se sacrificó para que no nos faltara nada, y nos criaron, tanto él como mi Mamá, de una manera que, en la época en que era famoso y estaba bien económicamente tanto como después de jugar que no tenia nada, aprendiésemos a valorar las cosas de la misma manera cuando había o cuando no teníamos nada.
Las personas no son por lo que tienen sino por lo que son.
Ojala yo pudiera criar a mis hijos con los valores con los que nos crió él (aunque me conformaría con la mitad de lo que es mi Papá ), es el ejemplo del sacrificio, es buena persona de corazón, no hay vueltas que darle.
No tengo más palabras para definirlo

Me quedo pensando en algo que me escribió Bárbara. “Mi viejo deja una marca imborrable.”
Y sí… tal cual.

La Plata, Marzo de 2009, un año y medio atrás.

Mucha gente cercana a Guillermo me había hablado de él.
De su calidez, su sencillez y su generosidad.
Para mí, que no lo conocía personalmente, seguía siendo aquel ídolo de mis 12 años; ese que me transportaba cada domingo por la tarde, a través de la radio Tonomac de mi vieja, a un mundo maravilloso que traía consigo: goles, gambetas e incluía, sobre todo, una entrega sin igual a base de esfuerzo para ganarse un lugar en la historia de los grandes.
Un espacio, el reservado para los que marcan la historia, que Trama ocupó hace ya mucho tiempo y de una manera por demás merecida.
Paolo se ganó la entrada al Palacio de las Grandes Glorias en el patio de la vieja casa de la calle 57 Nº1120 donde yo vivía siendo niño, cuando cada domingo por la tarde soñaba ser como él.

Aprendí de tanto verlo jugar, que hay que romperse el lomo para llegar donde uno quiere llegar. Que para todo se requiere una dosis muy grande de sacrificio pero, por sobre todas las cosas, hay que proponerse llegar donde uno quiere llegar y luchar para ello.
Eso aprendí viendo jugar a Paolo.
Gracias a sus goles y a su entrega dentro de la cancha, tanto como a las canciones de los Beatles, aprendí a luchar.
Paolo Trama es mi Beatle favorito. Es John Lennon jugando con la 9 albirroja.

Cuando gracias a mi hermano de la vida, Dieguito Raimundo, y a la gente de la Agrupación Apertura Pincharrata de Mar del Plata, esa Agrupación que es el orgullo de Guillermo, tuve la posibilidad de conocerlo personalmente me di cuenta que todo lo que yo había imaginado sobre él, y lo que sus amigos me habían contado, era poco.
Supe al conocerlo, que la sencillez y generosidad de Guillermo superaban ampliamente lo que yo imaginaba.
Las virtudes que yo conocía eran las de mi ídolo, las del Paolo Trama goleador de Estudiantes de La Plata.
Las virtudes de un guerrero.

Resultó cierto lo que tantas veces Dieguito me habían contado.

La dimensión del Paolo Trama jugador, que ya de por sí es enorme, se ve superada y agigantada por la dimensión del Guillermo Trama ser humano.

Tomar mate con Paolo y con Diego un sábado a la tarde en el Country de City Bell es mucho más de lo que jamás hubiera podido soñar; y eso que he soñado mucho en mi vida y aún lo sigo haciendo.
Escuchar sus anécdotas, sus vivencias en aquel glorioso equipo de ’82 – ’83, las enseñanzas del Dr., verlo dar consejos a los pibes de las inferiores, de la Reserva, su firma en mi camiseta con el 9 estampado en la espalda que guardo como uno de los tesoros más preciados.

En resumen… todo

El chico que hace algunos años se fue de Nicanor Otamendi para jugar al fútbol.
El goleador de raza.
El luchador.
El ídolo de mi infancia, y lo más importante….
Un gran tipo.

Introducción

Cuando Balbina Josefina Otamendi donó un predio para que se instale la estación de Ferrocarril que llevaría el nombre de “Dionisia” en memoria de su madre, jamás imaginó que su apellido iba a pasar a la historia.
En realidad, el apellido de su tío abuelo.
Nadie sabía aquel 29 de Mayo de 1911, cuando el Gobernador José Inocencio Farías firmó el “Decreto de Fundación” de la Localidad de Comandante Nicanor Otamendi que años después pasarían a la Historia.
Ninguno de los dos, ni Balbina ni el Comandante Nicanor, imaginaron que esa tierra cercana al mar sería la cuna de la historia.
No podían saber, claro, que en la localidad de Comandante Nicanor Otamendi iba a nacer, un 3 de febrero, Guillermo José Trama, el de los goles importantes.

I

La tribuna visitante del Amalfitani está que explota. No cabe un alfiler.
Si la viera el finadito Gatica diría: “General, oiga como ruge la leonera”
Es que es así. Las gradas parecen doblarse aunque sean de cemento por el peso de miles de gargantas que no paran de gritar: “Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles de Paolo que ya van a venir”.
Rugen los leones en el día de la Madre y a Doña Coca se le hincha el pecho de orgullo por escuchar como la hinchada del Campeón de América vaticina que el nene hoy va a regalarle a ella un gol histórico.

El Profe Echevarría, la bondad hecha persona, está a un costado del vestuario con la vista clavada en ningún lado. Da dos pasos, como pensando bien lo que va a decir, y se acerca con su histórica dulzura:

- Guille, mirá si dentro de 30 años viene un pibe y te dice “Paolo, gracias por alegrar mi infancia con tus goles…. Yo soñaba ser como vos”.
Hoy es el día ideal para entrar de una vez y para siempre en el corazón de toda esta gente, Guille.
Vos, que te rompiste el alma cuando viniste, hoy vas a tener tu premio.
Hoy vas a hacer un gol que va a vivir por siempre en la memoria de los hinchas.

En cancha de Vélez falta más de media hora para que empiece el partido pero Guillermo Trama ya sabe que hoy es el día en el que se convierte en grande absoluto.

II

- Guillermo, lavate las manos para sentarte a comer – dice Mamá Asunción con la ternura de siempre.
- Si Má, ya me las lavé – responde Guille y se seca con el mantel sin que Asunción lo vea.
- Sabés Mamá? Hoy hice dos goles, preguntale a Papá, él los vió.

El Piso de los Deportes, al lado del Casino, en Mar del Plata era, en ese momento, el lugar ideal para ese goleador de 5 años.
Porque goleador se nace.
Ese pibe que soñaba con la Primera de Círculo Deportivo, descocía la de tiento en Mar del Plata y ya brillaba con esa luz única que tienen los elegidos.
Círculo Deportivo de Nicanor Otamendi era un club chico, el club del pueblo. Allí donde Roberto “Chiquito” Trama pasaba sus horas, las que le dejaba libre el cultivo de papas, soñando con ver a Guille jugar en Primera.
Hay momentos en la vida que forjan el carácter de una persona para toda la vida.

III

Hay que jugar de 10 al lado de Guillermo para escuchar:

- Vieja, me buscan de San Martín de Mendoza, te animás?

Solamente Ana Inés podía animarse a eso.
Quién más? Sino su compañera de la vida.
No cualquiera juega de 10 al lado de un 9 como Guillermo.
Guillermito tenía un mes y, hacia la tierra del buen vino, fueron los tres.
El Nacional de 1976 no fue poca cosa. En un año oscuro como pocos en la historia, Guillermo tuvo una luz única.
San Martín de Mendoza entró en la historia.
Ya lo dijo “El Gráfico”…. El mejor 9: Guillermo Trama.
Alguna vez alguien va a tener que reparar la historia, o al menos escribir una carta de lectores a revista El Gráfico para pedir una rectificación y aclarar que al lado del 9, siempre hay un 10 que distribuye el juego y lo ordena para que el goleador rompa las redes.

IV

Avellaneda, sin lugar a dudas, le cayó bien a Guillermo de entrada nomás.
Un lugar con onda, un lujo reservado para pocos.
Agustín Mario Cejas, el 1, gritaba desde el fondo.
Carlitos Squeo y Julio Ricardo Villa era compañeros ideales para mover las redes.
Una voz ronca, desde el banco, daba órdenes directas y precisas:

- Trama, Trama, apunte al cartel de “Vinos Crespi” que ahí siempre va a estar parado Villa. Hágame caso que haciendo esas cosas salimos Campeones del Mundo en el ’66. No se crea que Zubeldía se las sabía todas eh? Pizzutti también tenía lo suyo.

Alfio “Coco” Basile, en el banco de suplentes, marcaba el ritmo.

Y a ese ritmo, Trama le regaló 15 goles a la Guardia Imperial.
No debe haber un Académico que no recuerde la tripleta gloriosa a Sarmiento de Chaco en aquel 5 a 0.
La tapa de la Revista Goles en Nicanor Otamendi pasaba de mano en mano.

- Es el Guille, el hijo de Chiquito y de Coca que parece que la está rompiendo en Racing – comentaban los parroquianos en la Plaza del pueblo no pudiendo creer que Guillermo, el mismo que corría en esa plaza con sus hermanos unos años antes, hoy esté triunfando en la capital.

V

La Sinfónica sonaba como pocas…. Música pura para aquellos degustadores de la exquisitez deportiva.
Don Angel Tulio Zoff, batuta en mano, dirigía allá por 1978 a ese grupo de intérpretes que hacían de la pelota un Stradivarius.
Guillermo, para no perder la costumbre que traía desde Círculo Deportivo, arrasaba con las redes.
Los hinchas de Chacarita deben llevar, aún, marcados con dolor aquellos tres tantos al hilo el día del debut en cancha de Newell’s
Aquella orquesta sonaba de memoria de la mano de Ricardo José Ferrero, Daniel Alberto Carnevalli, Víctor Marchetti, José Luis Gaitán, Daniel Sperandío, Félix Lorenzo Orte, Daniel Teglia, Oscar Agonil, Héctor Chazarreta.
Eran como los Solistas de D’arienzo… música pura para los oídos de la gente laburante.
Y como no podía ser de otra manera, Trama, era el solista de lujo.
Y así llegó el momento de dar la vuelta un 21 de Diciembre.
La cabeza de Guillermo bulle de recuerdos mientras abrazado con Daniel Sperandío y Félix Orte da la olímpica.
Lloran todos. Y Guillermo llora dentro del verde césped. El lugar donde lloran los grandes.

VI

Y alguna vez tenía que pasar…. La garganta del Diablo se iba a quedar afónica.
Avellaneda siempre fue un lugar con onda para Trama.
La historia estaba marcada de antemano.
Esa no me la tienen que contar, esa la ví yo a los 12 años.
Lloré solo, como buen hijo único, en mi habitación porque mi Papá no estaba para llevarme a la cancha.
Nadie lo sabe pero yo di la vuelta aquella noche en Avellaneda de la mano de Guillermo. El tampoco lo sabe, jamás se lo conté, pero en mi sueño de nene era así: el réferi pitaba el final y Guille se acercaba y me decía “Vení, vení a dar la vuelta conmigo” y yo salía a la cancha con todos esos monstruos….
Julián Camino, Abel Herrera, Alejandro Sabella, Claudio Gugnali, Hugo Gottardi, Miguel Angel Russo, José Daniel Ponce, José Luis Brown, Manzana Gette, Sergio Gurrieri ( que dentro de 30 años me dirá que estoy bárbaro para jugar en Veteranos… ), y por supuesto, el mejor de todos, Guillermo Trama.

A esa pelota que a los 44’ pateó Guillermo la soplamos todos para que entre, hasta yo soplé desde mi casa.
Y entró… lo que tardó el balón en traspasar la línea, ese tiempo eterno, fue el tiempo necesario para que todos los hinchas de Estudiantes recordemos a sus nuestros seres queridos que no llegaron a ver la vuelta.
El Escribano Correbo, el Presidente, un lujo de ser humano, se comía las uñas en la platea.
Esa fracción de segundos trajo a la memoria de miles de fanáticos a padres, madres, abuelos, tíos que, desde algún lugar mejor, patearon con Trama para que Estudiantes de La Plata sume una estrella más al firmamento de nuestra historia.

VII

Guillermo llora en un rincón. Despacito y en silencio.
Él, que hizo llorar de emoción a tanta gente, que me hizo llorar a mí, llora despacito y en silencio.
Siente que el corazón le va a explotar por tanta felicidad. Una sensación única e inigualable.
Mateo es chiquito y duerme plácidamente en sus brazos. Tiene que hacer un esfuerzo enorme para no mojar a la criatura con sus lágrimas.
A partir de ahora ya no será Paolo, Papá, Viejo, o Guille.
A partir de ahora va a ser el Abuelo Guillermo que por todos los medios va a tratar que tanto Mateo como Valentino, le salgan Pinchas aunque Diego, el papá, sea de Racing, y haya que pujar por la rojiblanca.
Paradojas de la vida.
Racing, Estudiantes, elijan el club que elijan los niños, el Abuelo brilló en ellos.
De todos modos, eso es lo de menos.
A Paolo no hay 100 goles contra Independiente a los 44’ que lo hagan emocionar tanto como tener a sus nietos en brazos.
“Solamente quien es Abuelo sabe lo que se siente” me va a decir Guille algún día mientras Valentino, en sus brazos, lo abraza con el amor con el que se abraza a un Abuelo.
A un abuelo goleador. Al Abuelo Guillermo.

Epílogo

En 1982, durante el Mundial de España, nos vinimos a desayunar que había un chico, un italiano, un tal Paolo Rossi, que era figura.…¿ y ?

Los Pincharratas cometimos un error en nuestra historia…

Las personas comunes, la de los viejos tablones de madera de 57 y 1, pura sangre y corazón, a veces nos equivocamos al invertir nombres y apodos.

Es simple.

Hay gente que marca la historia a base de lucha y sacrificio; que entra por la puerta grande y se queda a vivir por siempre en ese extraño lugar donde la memoria es eterna: el corazón de los hinchas.
Es por esa sencilla razón que en Estudiantes de La Plata no debemos ponerle apodos a nuestras glorias.

A todos esos jugadores que nos hicieron llorar de emoción porque nos llevaron más alto de lo que nuestros propios sueños nos llevaban; que nos trajeron de vuelta a nuestros seres queridos en cada grito de gol; que dejaron el alma en una cancha y nos tomaron de la mano para llevarnos a dar las vueltas; aquellos que nos hicieron creer que todo, cuando uno se lo propone, es posible.

A todos esos pibes que nos hicieron tan felices y que vivirán por siempre en nuestros corazones debemos llamarlos por su nombre.

Para no faltar a la verdad, a su debido tiempo, debimos haberle explicado a los tifossi italianos que debían ser ellos quienes le cambiaran el nombre a aquel goleador que tenían en la Squadra Azzurra del ’82.
Nos equivocamos feo, los goleadores no deberían tener apodos.
Eran ellos, los italianos, quienes debían decirle Guillermo a Paolo Rossi

Porque para nosotros los hinchas de Estudiantes de La Plata, los goleadores tienen que tener nombre y apellido.

Por ejemplo: Guillermo José Trama.

jueves, 26 de agosto de 2010

El día que Sebastián jugó en Estudiantes del Parque Saavedra

Una semana atrás…

Diluvia en el Country.
Por como llueve parece que fuera la última vez.
Con mi amigo Diego charlamos de las inclemencias del clima y recordamos las tardes embarradas en el Parque corriendo detrás de la “pulpito”.
Alejandro, con una carpeta repleta de anotaciones, se acerca hacia nosotros con su característico andar.

- Que hacés Ale, como va? Lo saludo sonriendo.
- El Trovador de Estudiantes – me responde mientras me da un abrazo.

Alejandro Sabella sabe por qué estoy allí. Conoce la historia de “Camisetas de pique”. Yo mismo se la conté una tarde en el Country cuando lo invité a participar de la grabación.
Había escuchado la canción meses atrás en Ensenada junto a Claudio Gugnali y los chicos de La Zubeldía y no la había olvidado.

Un rato después…


- Vení, vamos para el Golf que se presenta la nueva camiseta, trajiste la letra que te pedí? Inquiere mi amigo.

- Si la traje, acaso alguna vez te fallé? Por que me preguntás? Le respondo en tono de broma.

- Por nada, por nada. Me dice Diego y, bajo una lluvia torrencial, hacia allá partimos.


Cámaras y más cámaras de TV a la espera de la presentación y yo que no se que mirar primero. Si las camisetas, si los pantalones, si las medias.

Diego me mira y se ríe.

- Ruso, no las mires tanto que las vas a gastar. Me dice largando la carcajada.

No hay caso, sigo siendo aquel niño que, en el Parque, soñaba jugar en Estudiantes.

- Vení Rusito, Me dice mi amigo - acompañame que tengo que hablar con alguien.

Camino detrás de él esquivando la maraña de cables de las cámaras y de golpe escucho una voz que se me antoja familiar.

- Que hacés Iván, como andás?

Levanto la vista y veo que, para mi sorpresa, Juan Sebastián Verón me sonríe mientras me saluda con un beso.

Diego conoce mejor que nadie la historia de “Camisetas de pique”, la vivimos juntos y sabe que esta canción es suya, que es la historia de nuestra hermosa infancia de la mano de Luis, su Papá.
Sabe tan bien como lo se yo, que ambos soñábamos, de niños, este presente que hoy vivimos.
Parece que Diego no había olvidado cuando una tarde en su casa, hace meses atrás, le conté cuanto me gustaría que el 11 también participase en la canción.

- Estaría buenísimo que tires unas paredes con el 11, no? Preguntale si se copa, bah, si es que te animás a tirarle una pared al 11. Recuerdo que le dije en broma para chicanearlo.

Diego nos mira a ambos y dice:

- Bueno, los dejo. Uds. tienen cosas importantes que hablar y yo no quiero ni enterarme. Y se va riendo entre las cámaras.

- Vení, vamos atrás así hablamos tranquilos. Me sugiere Sebastián.

Antes de poder contarle mi idea al 11, me sorprende con un comentario.

- Hace días que vengo pensando en tus canciones, me gustan mucho. A ver cuando te escribís un par de letras y me invitás a participar.

El comentario de Sebastián me deja mudo, sobre todo porque cuando le pregunto si me lo dice en serio, me responde:

- Por supuesto que te lo digo en serio.

- Me vas a hacer sentir que soy la banda de sonido de estos colores. Le digo aún sin reponerme de su comentario.

- Es que es así y está muy bien que así sea. Sentencia el 11 con una sonrisa. Contame que necesitás.

- Necesito pedirte un pequeño favor Sebastián. Arranco temeroso de la negativa y, lo peor de todo, no se como seguir.

- Vos podés pedirme lo que quieras. Responde como para dejarme tranquilo y me deja más nervioso de lo que ya estaba.

Sebastián escucha atento la historia de “camisetas” mientras se la voy contando, me mira, se sonrie con mis anécdotas y, siento que a medida que avanzo, comienza a emocionarse con el relato.
Le cuento de Luis, de los fulbazos en el Parque, de Dieguito soñando ser Juan Ramón, en fin, le cuento nuestra infancia.

Mientras lee la letra que le di segundos antes me dice:

- Esto está muy bueno. Es verdad lo que decís de Diego y su hijo? Nunca me lo contó.
- Y, viste como es Diego, ya lo conocés, claro que es verdad. Le respondo sonriendo.
- Contame que tengo que hacer que me gusta mucho la idea. Me dice el 11 mientras sigue leyendo la letra.

Le cuento, mientras ahora el que se emociona soy yo, que si cierro los ojos lo imagino tirando paredes con nosotros en el Parque, escuchando la charla técnica de Luis, gritándole a Martincito que apure la marca y, sobre todo, lo imagino siendo el Capitán de Estudiantes del Parque Saavedra.

- Me gustaría que, por un rato y para esta canción, vuelvas a tener 11 años y juegues con nosotros, que seas un chico más y formes parte del Glorioso Estudiantes del Parque. Le comento. Eso es lo que quería pedirte.

- En serio me decís? Claro que quiero. Me responde Sebastián y sigue - Es un honor para mí. Cuando vos quieras lo hacemos, no tenés más que decirme cuando y lo hacemos.

Le agradezco al 11 de corazón y como la emoción me lo permite y, nuevamente, me sorprende su respuesta.

- No Iván, yo te lo agradezco a vos. Sabés que? De chico yo también soñaba en voz alta.

El carisma del gran Capitán brilla como si hubiera un sol fulgurante. Y afuera sigue lloviendo a cántaros.

Esta mañana, una semana después de una semana atrás…

El sol quema en el Country. A diferencia de la semana anterior, hoy es un día espléndido.
Me encuentro con Diego en el lugar de siempre y a la hora señalada.

- Que hacés Rusín, por acá te andaban buscando – me desayuna mi amigo.

- Que hacés Dieguín, quien me busca? – Respondo ni lerdo ni perezoso.

- Ahhhhh! espera y verás mi fiel Aprendíz – Me sorprende Diego riendo a carajadas.

Luego de unos minutos al sol, del gimnasio de la concentración comienzan a salir los jugadores del plantel profesional.
Mientras saludo tímidamente a los chicos, se acerca Juan Sebastián Verón y me dice:

- Iván, como vamos? Yo era el que te andaba buscando. Trajiste para que pueda grabar?

Obviamente, mi mochila rebalsaba de grabadores, cámaras y todo lo que pudiese ser necesario para ese momento que, en mi fuero íntimo, aún me costaba asimilar como real.

- Hola Sebastián, como estás vos? Si, traje en la mochila algo para grabar así que cuando quieras lo hacemos. – Respondo entre sorprendido y ansioso.

- Dale buenísimo – me replica el 11 – Si no estás muy apurado, esperame un ratito que terminamos el entrenamiento y grabamos tranquilos.

- Ningún apuro Sebas, dale tranquilo que yo te espero. Le digo mientras me descubro hablando con el Capitán América con la cotidianeidad con la que hablo con Diego.

Diego, que escuchaba la charla a distancia, me dice cuando los jugadores comienzan a entrenar y nadie nos escucha:

- Ves como es el 11? Ves por que es el más grande de todos? Porque viene, te llama por tu nombre, te muestra que está ansioso por grabar, y encima te pregunta si estás apurado. Esas acciones lo hacen más grande de lo que ya es. Y eso que es enorme.

Sería redundante agregar algo a lo que me dice mi amigo cuando nos hemos pasado tardes enteras charlando sobre esos gestos que tiene Sebastián para con la gente.

Cuando termina el entrenamiento, el 11 pasa y me dice:

- Me baño y estamos, seguro tenés tiempo?

- Si, seguro, dale tranquilo que no hay apuro. Le respondo y comienzo a sentir una ansiedad similar a la que sentía de niño un minuto antes de comenzar a jugar el derby en el parque.

Sebastián sale de la concentración después de un rato y me dice:

- Ahora sí, vamos que jugamos con Estudiantes del Parque Saavedra; Dónde te parece que grabemos? – me pregunta.

- Y, Sebas, la verdad? Creo que no debe haber lugar mejor que una cancha para grabar esto. Le respondo y siento que me tiemblan las piernas. 30 años después vuelve a salir a la cancha el Glorioso Estudiantes del Parque Saavedra.

El 11 me pregunta sonriendo:

- Juego con la 11, no?

- Vas a tener que discutirlo con Diego – le respondo risueño – Normalmente la usa él.

Después de hacer varias tomas para la canción me quedo charlando de música con el 11 a un lado de la cancha 1 del predio y, en un momento, me sale del alma decirle:

- Sebastián, siento que no me va a alcanzar la vida para agradecerte este gesto.

- Noooo, vos estás loco. Ya te dije que para mí es un honor jugar en Estudiantes del Parque Saavedra. – Me responde el 11 sonriente mientras me abraza y me repite casi al oído - Para mí es un honor.

Hoy…

Siento que quizás esa mañana en el Country me hice adulto. Que la mejor despedida que podría haberle dado a mi infancia y a Luis es esta canción.
Daría lo que no tengo por volver a ver a Luis aunque sea unos minutos para poder decirle:

- No sabés Luis, no sabés! Hubo un día en el que Estudiantes del Parque Saavedra, tu Estudiantes, volvió a salir a la cancha y tuvo un integrante más, vino a préstamo por un partido solo para jugar por vos.
Si Luis, de verdad.
Es Juan Sebastián Verón que tuvo que pedirle prestada la 11 y la cinta de Capitán a Diego, tu hijo.
Y sabés que Luis?, Sebastián estuvo orgulloso de jugar en tu equipo.
El Glorioso Estudiantes del Parque Saavedra.
No Luis, no me lo tuvieron que contar. Yo también jugué ese partido.